Acompaña y sacude, resucita la vida del mundo. Es intensidad, plenitud vital, placer original, juego permanente
de hombres o dioses. Es señal de la potencia de lo sagrado, signo eficaz del paso de la muerte a la vida, del no-ser
al ser, del caos al cosmos, atributo primordial del carácter fundamentalmente festivo de las mujeres y los hombres.
La risa ha sido en muy distintos tiempos y lugares el signo que asegura y sostiene la vitalidad del Universo.
La antigua mitología de Egipto exaltó la figura de Hator, diosa de la alegría, el amor y la sonrisa.
Ella superó la crisis en que se vio envuelto el cosmos debido a la ira del dios del sol Ra-Harakhti.
La saludable y vital presencia de la diosa permitió que el gran dios desatara una risa que recuperó la luz
del mundo (siglo XII a. C.).
En la mitología de Japón se halla un relato correspondiente en la figura de la diosa Ameno-Uzume-no-mikoto
quien logró liberar la risa de ochocientas miríadas de kamis (divinidades).
Esto permitió devolver la luz al universo (siglo VIII d. C.) .
Las diosas madres de carácter fecundante o generador del Mediterráneo oriental como Deméter o Afrodita,
se caracterizaron por lo mismo. Deméter, diosa de la fertilidad y de la tierra como divinidad primordial del principio
femenino, con su risa trajo la primavera a la tierra.
Afrodita, la diosa del amor, el mar y la sonrisa, versión griega del culto oriental a una divinidad lunar.
Representó el principio húmedo y líquido, causa de toda generación, y de la fecundidad femenina, y de la Naturaleza.
Nacida de la espuma del mar, sus frutos marinos se consideraron justamente afrodisíacos (estimuladores de la vida).
La hierba y las flores brotaban de la tierra dondequiera que pasaba. Representó el amor, el placer y alegría.
Su sonrisa tenía la virtud de calmar los vientos. Para Homero era la "sonriente Afrodita", "la que gusta de reír".
Su corte la integraban las risas, dioses que presidían la jovialidad, o también Riso, el dios de la alegría,
cuya estatua se colocaba siempre cerca de la de Venus-Afrodita, con las Gracias y los Amores.
La popularidad de su culto le puso el apelativo de "pandemos", diosa de todos los pueblos.
Estos principios sagrados de la vida y de la risa en el Universo se reproducen en las culturas con similares
características bajo las figuras reiteradas de diosas o mujeres divinas o divinizadas, fecundas o fecundadas.
En Polinesia se trata de la diosa lunar, la tierna y sonriente Hina .
En Africa es Mami Wata, divinidad acuática y risueña, o Yemayá, la madre de la vida y de todos los orichás,
dueña de las aguas del mar, que ríe a carcajadas y da vueltas en el agua como las olas, presente en la cultura
afroamericana del Caribe y de Brasil.
En México se trata de Xochiquétzal, la "diosa verdadera, tan adorable y tan alegre". Las mujeres encargadas de su culto probablemente fueron los modelos de las famosas "caras sonrientes" de Totonicapán.
En la mitología guaraní de América del Sur, por su parte, existe la figura de Ma´e-hory ("Mirada risueña"),
origen de la nación tupí, quien, casado con Tupinambá, instaló su hogar en las riberas fértiles del Amazonas.
Finalmente, conocemos la clásica figura oriental de Sara, la mujer que desafiando su vejez concibió a Itzchaq, el hijo del
placer y de la risa ("Dios me ha dado de qué reír, todo el que lo oiga se reirá conmigo", Gén 21, 6).
En India, el humor y la alegría son concebidos ciertamente como el origen del mundo.
Existe la sentencia sánscrita recogida por Rabindranath Tagore: "En verdad, todas las cosas tienen su nacimiento en la
alegría eterna", "Tu risa, mujer, es la música de la fuente de la vida", Una de las personalidades místicas más sobresalientes
de la India es la figura especialmente risueña de Ramakrishna, el sacerdote de la gran diosa maternal y lúdica del mundo
Kali ("Ramakrishna se rió como él sabía hacerlo, con su alegre risa de niño").
En Africa y en las demás culturas afroamericanas hasta la actualidad, la risa tiene una valoración privilegiada como expresión de vitalidad inextinguible.
En Senegal los antepasados son llamados "almas risueñas".
Entre los bambaras de Sudán el nivel superior de la vida espiritual se caracteriza por el gozo, el placer y la alegría correspondiente a la entrada del alma en el dominio de la fecundidad y la procreación.
Estos místicos africanos, los koré dugaw, se entregan a las hilaridades y jocosidades más festivas, remedando
burlescamente las cosas serias: "Por la comicidad que crean y la risa que ésta provoca son expresión de la vida que no se
preocupa ni de reglas ni de barreras, de la vida que se burla de topes y limitaciones." . La risa en Africa se concibe como un
fluído o una humedad vital propia y característica del hombre. Es una palabra que libera, que rompe las cadenas, como las
aguas desbordantes de los ríos y de los mares."
La risa alcanza a tener una fuerza independiente por sí misma. En el lenguaje del autor yoruba Amos Tutuola: "Aquella noche conocimos personalmente la risa, pues después de que cada uno de ellos hubo acabado de reír, la risa siguió riendo durante dos horas...
No sabíamos el tiempo que llevábamos riéndonos con ella, pero nos reíamos únicamente de la risa de la risa,... Finalmente, le pidieron a la risa que hiciera el favor de parar; pero ella no podía."
En la cultura árabe el propio Mahoma (570-632 d. C.), el profeta del "riente y alegre Paraíso""Según la tradición, Mahoma utilizaba con gracia y sutileza la broma, y se se decía que era el más festivo de los hombres."
La jocosidad y el humor hispano-árabes impregnaron el mundo cristiano de la Península, otorgándole una especial alegría y gozo de vivir. El arcipreste de Hita no gustó de tristezas ni cuadros sombríos. Cantó los gozos y no los dolores de la Virgen.
En Indoamérica el sentido de la risa y el humor se asoció al esplendor de la vida con explícitas resonancias sagradas. La cultura y literatura nahuatl de México vincularon la risa a la vitalidad del amor y la verdad, a los tradicionales fundamentos del ser en las flores y los cantos. La fiesta del Universo junto a la gran diosa madre Tonantzin conduce a la Tierra de las flores o Tierra de la verdad (Xochitlalpan). Gracias a ella los nahuas experimentan una alegría sagrada que no logró enajenar la expansión europea del siglo XVI .
Las culturas guaraníes y mapuches confirman el vigor y la importancia del buen humor, la alegría y la risa en Indoamérica del Sur. La lengua guaraní ofrece una rica variedad para designar la excelencia y complejidad del lenguaje del humor.
La risa es un signo elemental e inequívoco de lo sagrado de la vida. Las civilizaciones y culturas tienden a volcarse hacia estas dimensiones, auspiciando el sentido serio de la vida. Sin embargo, siempre desde adentro o desde afuera de ellas mismas, renace la risa y el sentido del humor, el sentido festivo del mundo, como principio eufórico fundamental e inexcusable de la vida.
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